En el corazón de la provincia de Santa Cruz, dentro del Parque Nacional Los Glaciares, se levanta un pequeño pueblo que se ha ganado un lugar en el mapa del turismo mundial: El Chaltén. Fundado en 1985, este rincón patagónico es mucho más que un destino de montaña; es el punto de partida hacia algunos de los paisajes más impactantes de Argentina y un verdadero paraíso para los amantes de la naturaleza y la aventura.
El Chaltén es un pueblo joven y pintoresco, rodeado de cerros, glaciares y ríos que parecen sacados de una postal. A pesar de su crecimiento en las últimas décadas, conserva un aire de tranquilidad que lo convierte en un lugar ideal para desconectar del ruido de las ciudades y conectarse con la inmensidad natural.
La calle principal está llena de restaurantes, bares, casas de té y alojamientos que van desde hosterías familiares hasta hoteles boutique. En cada rincón se respira un ambiente mochilero y aventurero, con viajeros de todo el mundo que llegan con un objetivo en común: descubrir los senderos y montañas que lo rodean.

La fama de El Chaltén como capital del trekking no es casualidad. Desde el propio pueblo parten senderos autoguiados que permiten recorrer la zona sin necesidad de transporte adicional. Entre los más destacados se encuentran:
La variedad de circuitos hace que tanto principiantes como excursionistas experimentados encuentren opciones a su medida. Hay senderos cortos de una hora y recorridos exigentes de jornada completa.
Más allá de las caminatas, El Chaltén sorprende por la diversidad de su entorno natural. Glaciares como el Viedma, ríos de aguas turquesas como el De las Vueltas y bosques de lengas y ñires conforman un escenario único. Durante el otoño, el paisaje se tiñe de rojos y ocres, mientras que en primavera y verano la vegetación estalla en verdes intensos y flores silvestres.
Los amantes de la fotografía encuentran aquí un verdadero tesoro: amaneceres con tonos naranjas sobre el Fitz Roy, reflejos perfectos en las lagunas y cielos estrellados que parecen infinitos.
Además del trekking, El Chaltén ofrece actividades como escalada en roca y hielo, cabalgatas, paseos en bicicleta de montaña y navegación por el Lago Viedma para acercarse a su glaciar. Quienes buscan experiencias más tranquilas pueden optar por caminatas cortas al Mirador de los Cóndores o al Mirador de las Águilas, ideales para observar el vuelo de estas aves majestuosas.
El turismo en El Chaltén se desarrolla bajo un fuerte compromiso con la preservación del ambiente. Las áreas protegidas, las normas de camping y el énfasis en el cuidado de la basura apuntan a mantener intacta la belleza natural. Muchos alojamientos y prestadores locales promueven prácticas sustentables, conscientes de que el entorno es el mayor tesoro del lugar.

La mejor época para viajar es entre octubre y abril, cuando el clima es más estable y los días son largos. Sin embargo, incluso en verano, el clima patagónico puede cambiar en cuestión de minutos, por lo que es recomendable llevar abrigo, protector solar, gorro y calzado cómodo.
El pueblo no cuenta con aeropuerto propio, por lo que el acceso más común es desde El Calafate, a 220 km de distancia. Desde allí parten colectivos diarios que atraviesan paisajes de estepa y montañas hasta llegar a este paraíso escondido.
El Chaltén no es solo un lugar para recorrer, sino para sentir. La magnitud de sus montañas, el silencio de sus senderos y la hospitalidad de su gente hacen que cada visitante se lleve consigo una experiencia inolvidable. Es un destino que invita a volver, porque siempre queda un sendero nuevo por explorar o una vista distinta por descubrir.
Para quienes sueñan con conocer la Patagonia en su estado más puro, El Chaltén es, sin dudas, una parada obligatoria.